Mujer y epilepsia
La epilepsia es un trastorno neurológico que
padecen alrededor de 50 millones de personas en todo
el mundo de las que al menos la mitad son mujeres.
Puede presentarse a cualquier edad aunque es más
frecuente durante la etapa de la niñez y la
adolescencia por ser una etapa de cambio y desarrollo
cerebral. Las crisis epilépticas son provocadas
por una descarga repentina y desproporcionada de impulsos
eléctricos a causa de cualquier elemento que
altere la actividad normal de las neuronas.
En neurología es un trastorno muy común
pero las repercusiones no sólo son físicas,
sino también sociales a causa de la desinformación,
el desconocimiento y de una sociedad que le da la
espalda.
Muchos de los pacientes que la sufren la ocultan para
evitar ser rechazados por su ámbito laboral,
social y familiar a pesar de que pueden llevar una
vida absolutamente normal con el tratamiento adecuado.
La mujer con epilepsia se encuentra aún con
mayores retos que superar frente a esta enfermedad
crónica por el simple hecho de ser mujer sufriendo
una importante disminución de su calidad de
vida en etapas como la menstruación, el embarazo,
la lactancia o la pubertad.
La marginación por el entorno, la falta de
afecto y comprensión con su enfermedad acarrean
en un número elevado de casos estrés,
depresión y baja autoestima.
Los tratamientos anticonvulsionantes han evolucionado
logrando controlar las crisis en dos tercios de los
pacientes, sin embargo, aun siguen siendo agresivos
y pueden, en algunos casos, provocar a la mujer con
epilepsia trastornos graves como infertilidad, problemas
endocrinológicos u ováricos, además
de acné, obesidad, anemia, caída del
pelo, problemas con las encías o inapetencia
sexual.
Menstruación
En muchas ocasiones, la aparición de la enfermedad
coincide con la primera menstruación. Además,
a lo largo de la enfermedad, es muy frecuente que
las crisis se produzcan durante el período.
Esta tipología es conocida como epilepsia catamenial.
Anticonceptivos
Al principio del uso de las píldoras
anticonceptivas se dijo que podían influir
sobre las crisis empeorándolas, después
se
comprobó que no tenían ninguna influencia.
Sin embargo, los métodos de anticoncepción
oral a pesar de no aumentar la frecuencia de las crisis,
si que pueden reducir su eficacia al combinarlas con
los fármacos antiepilépticos.
Embarazo
La mujer que padece epilepsia y decide quedarse embarazada
automáticamente le asalta una duda. ¿Puedo?
¿Afectará al feto?
Si bien es cierto que el tratamiento epiléptico
puede aumentar las probabilidades de que exista el
riesgo de tener un bebé con malformaciones
(problemas en la espina bífida, problemas en
el paladar y el labio , malformaciones urogenitales
y cardíacas), no hay que olvidar que en más
del 90% de los embarazos nacen niños perfectamente
normales.
La gestación de una mujer epiléptica
está considerada de alto riesgo por lo que
debe tener una estricta vigilancia médica desde
antes del embarazo hasta en el momento del parto tanto
por parte del ginecólogo como del neurólogo.
El embarazo debe ser planificado antes de que se produzca
para realizar un buen control de las crisis y poder
utilizar el fármaco menos dañino. Dormir
las horas adecuadas, tomar suficientes proteínas
para el transporte del medicamento por la sangre,
añadir a la dieta ácido fólico
al menos seis meses antes de quedarse embarazada y
un multivitamínico son otras de las pautas
de comportamiento a seguir.
Lactancia
Prácticamente en la totalidad de los casos,
los médicos desautorizan a la mujer con epilepsia
amamantar al bebé para así evitar posibles
problemas a causa de los fármacos antiepilépticos.
Menopausia
Existen epilepsias que se manifiestan alrededor de
la época menopausica de la mujer. Aunque cada
día se dan con mayor frecuencia este tipo de
epilepsia, es cierto que es difícil detectarla
confundiendo los síntomas con problemas de
hipertensión, infartos, vértigos o pérdida
de la capacidad intelectual.
Por todo ello es muy importante un estudio neurofisiológico
exhaustivo.