Picaduras
Con la llegada del buen tiempo
cambian nuestros hábitos. El uso de prendas
de vestir ligeras, dormir con ventanas abiertas, o
el aumento de las excursiones al aire libre tanto
al mar como a la montaña hace que estemos más
expuestos a sufrir picaduras.
Las picaduras más frecuentes en nuestro entorno
son las de mosquitos, abejas, avispas, y medusas en
el mar. Los mosquitos suelen picar desde el anochecer
hasta el amanecer y son atraídos por las ropas
oscuras y brillantes. Suelen producir un punto rojizo
e inflamación que causa picor, debido a la
secreción de saliva, que se puede calmar con
loción de calamina o pomada antihistamínica.
Si la picadura es de abeja, probablemente aparecerá
el aguijón clavado en la herida, produciéndole
así su muerte, a diferencia de las avispas
que tienen un veneno más tóxico y pueden
picar varias veces. Nunca hay que aplastar una abeja
o avispa sobre la picadura porque de esta forma se
contribuye a difundir el veneno, y hay que intentar
sacar el aguijón (rascando con la uña).
Normalmente, se produce una hinchazón local
dolorosa que en unas horas reduce su tamaño.
Un centenar de picaduras puede llegar a ser mortal
y una picadura en la boca o laringe puede producir
asfixia por la inflamación de las vías
respiratorias. En personas alérgicas al veneno
se puede llegar a producir un shock anafiláctico.
Nunca debe ponerse barro sobre la picadura ya que
puede producirse una infección. Para desinfectar
la zona se puede aplicar hielo, o compresas impregnadas
en agua fría y limón o vinagre.
Las medusas producen sustancias irritantes que provocan
pequeñas erupciones ocasionando dolor y picor
intenso. Un lavado rápido, si es posible con
agua de mar, aplicar compresas húmedas con
alcohol, limón o vinagre, acompañado
de una pomada antihistamínica o corticoide
suave mejorará la reacción producida.
Ante una picadura grave es aconsejable acudir de inmediato
al médico.
